“…la obra tiene una presencia, que no se sitúa entre la presencia y la ausencia, sino que las reúne haciendo don de su presencia, colmando un vacío o sea una virtualidad: una ausencia” (1)
 

Si la obra de John Hedjuk evolucionó progresivamente hacia la escultura, son paradójicamente las propias torres, proyectadas como Torres Botánicas para el parque Belvís, ahora descontextualizadas de su lugar de origen y carentes de la función para la que fueron diseñadas, formas escultoras en sí mismas. Su arquitectura analítica entrelaza numerosas investigaciones, entre la ficción y la realidad, y sus trabajos están plagados de efectos gráficos, dibujos y maquetas con los que esboza cada proyecto como recurso para poner en evidencia la interioridad de la obra. Por medio del uso de un reducido número de elementos geométricos simples, entre ellos la línea, configura formas dando sentido a las ideas. Hejduk habla de una coexistencia entre su visión de la arquitectura como encrucijada, como testimonio del volumen y como revelación de lo oculto que lo contiene.
Atendiendo a estos planteamientos, el proyecto La linea Hejduk de Irma Álvarez-Laviada supone una ligazón entre lo arquitectónico y lo artístico. Entre ambos campos pivotan los principales conceptos que le han servido de reflexión en la intervención presentada para las Torres Hejduk de la Cidade da Cultura.
Ahondando en preocupaciones teóricas que han articulado su discurso creativo vinculado a términos como el vacío y el límite, Álvarez-Laviada propone una intervención que es un proyecto arquitectónico en sí mismo. Una idea capaz de ser construida, que se materializa en una tercera torre invertida en el espacio intermedio que las separa. La artista encuentra en ese “entre” dos partes, un límite definido que le permite poner en juego su activación y desenmascarar la forma pretendida.
A través del proceso de diseño de la nueva torre presenta una propuesta formal y espacial con la que metafóricamente habitar ese vacío. Su trabajo, en consonancia con las premisas de Eugenio Trías, se mueve entre lo concreto y lo intangible y pone en evidencia el carácter “habitable” del límite. La arquitectura es el contorno de la materialidad, es la línea que lo traza y es su ocupación.
El planteamiento señala un especial interés por lo procesual (estudio metodológico) y por lo proyectual (ejercicio de articulación discursiva) y su relevancia como instrumentos de análisis. Para ello, Irma Alvarez-Laviada trabaja en una serie de material documental que permite detallar la obra y que se exhibe en el interior mediante recursos de representación bidimensional, por medio de planos planimétricos y arquitectónicos, junto con esquemas y bocetos de carácter artístico. Y tridimensional, a través de una maqueta de la arquitectura proyectada, que se construye con metacrilato, lo que le confiere un carácter de levedad y transparencia.
La tercera torre se construye en el exterior mediante la colocación de luces led bordeando el perímetro interior de ambas arquitecturas. Es de esta manera como pone de manifiesto la nueva forma, con las que incide en dualidades abordadas de forma permanente en su trabajo, la presencia y la ausencia, el vacío y el lleno.
El material de construcción de este espacio es la luz, un elemento central de la arquitectura y el instrumento que controla los mecanismos propios de la disciplina. Además, no es casualidad que se haya elegido la luz de color blanco. Este color acromático es en sí mismo la carencia de color, de igual manera que, en su versión luz, es el resultado de la unión de la totalidad de los colores. Es el color “arquitectónico” por excelencia en cuanto que es eficaz para resolver propiedades vinculadas a la captación de la luz, siendo ésta la hacedora de la arquitectura.
En esta ocasión, la línea lumínica y “arquitectónica” va tomando presencia a medida que cae la noche y se despliega sobre la ciudad de Santiago de Compostela como lugar arquitectónico construido, como valor intrínseco del espacio vacío.
El término vacío ha sido objeto de múltiples interpretaciones desde el ámbito filosófico, poético, espiritual, artístico o arquitectónico, la inquietud conceptual sobre el mismo lleva a la Álvarez-Laviada a elegir un lugar de acción y de activación del espacio existente entre las dos torres, configurando una nueva con la que poner de manifiesto el contenido intangible de la forma arquitectónica. Así, este vacío, que no es la nada, actúa como “matriz del espacio” y espacio arquitectónico en sí mismo.
De este modo incide, como Peter Eisenman, arquitecto de la Cidade da Cultura, en la condición del in-between, en aquello que está entre las cosas y, por tanto, ocupa un lugar intermedio. Deconstruye la oposición figura-fondo y presenta una nueva categoría poética, la relación figura-figura, poniendo de manifiesto ese espacio de tensión y construyendo la unidad de significación.
La intervención de Irma Álvarez-Laviada supone una llamada a la reflexión sobre el concepto de vacío y su configuración y el límite como punto de articulación. La linea Hejduk invita a aprehender con la mirada este lugar de mediación, entre la idea y la materia, entre el espacio y la construcción.
“Ausencia presente ante tanta presencia vacía. Blanca y sencilla Arquitectura que intenta conseguir TODO con casi nada: MÁS CON MENOS”.(2)

1. Lefebvre, Henri. La presencia y la ausencia. Contribución a la teoría de las representaciones. Ed. Fondo de Cultura Económica. México. 1983. Pág. 28.
2. Campo Baeza, Alberto. La idea construida. La arquitectura a la luz de las palabras. Colegio Oficial de Arquitectos, Madrid. 1996. Pág. 48
                                                                                                                                                          Susana González. Comisaria