The necessary and the possible derives from a situation which is fairly common for artists. This situation arises when you have to remove the artwork from the studio in order to exhibit it. All that is left in these situations are the materials which were used to build the project in, a space which has been used for experimentation until now.

This is the theme which has led me to focus on the secondary elements in the studio. More specifically on the packaging, given its relationship with the art work, as its intrinsic character seems to contain a level of virtual impulse towards hiding, disappearance or absence.

Once the work itself has been removed, what most interests me about these materials is their negative energy, their potential to combine inanimate spaces for practising art and their singular relationship with the negation of the piece. A way of trying to transcend the imprint as an inexcusable test of the presence in order to form other combinations of disappearance.

It is about exploring beyond the rational sphere. Leaving the greater field of painting in order to fully explore spaces of denial. Spaces which exist within studios which are aimed to be containers or areas invisible to perception, and which offer the possibility of experimenting with new forms of articulation.

The necessary and the possible revolve around the transitory states of the pieces, the secondary character of the materials and the negation of the image as an essential element of the piece.

 

 

Lo necesario y lo posible surge de una situación bastante habitual para los artistas. Esta situación se da cuando hay que sacar las obras del estudio con motivo de una exposición. Lo único que queda en esos momentos, en lo que hasta entonces ha sido un espacio de experimentación, son los restos de los materiales que se han utilizado para desarrollar el trabajo.

A partir de esta cuestión mi atención se centra en los elementos accesorios que hay en el estudio. De forma más concreta, dada su relación con la obras, en el material de embalaje, cuyo carácter intrínseco parece contener un índice de negación, un impulso virtual para el ocultamiento, la desaparición o la ausencia.

Una vez sustraída la obra, lo que más me interesa de estos materiales es su carga negativa, su potencialidad para conjugar los espacios inertes de la práctica artística y su relación particular con la negación de la obra. Una forma de intentar trascender la huella como prueba inexcusable de la presencia para buscar otras formas de conjugar la desaparición.

Se trata de ensayar una búsqueda más allá de las áreas relacionales. Salir del campo expandido de la pintura para llevar a cabo una exploración de espacios de negación. Lugares presentes en los talleres destinados a ser contenedores o zonas invisibles a la percepción, que ofrecen la posibilidad de intentar nuevas formas de articulación.

Lo necesario y lo posible gira en torno a los estados de transitoriedad de las obras, al carácter accesorio de los materiales, y a la negación de la imagen como estado constitutivo de la obra. 

 

Fragile, 2015, Impresión digital sobre papel de algodón, Ed. 3/3+ 2 P.A